Y sí. Alguna vez me tenía que pasar. Aunque siempre me ponía excusas. Ya hace rato que venía pensando seriamente dejar de fumar, como dice el Nano. Ya me molestaba el olor en el pelo, en las manos y en la ropa. Ya me harté de tener la boca oliendo como un cenicero, como dice el Indio. Pero Pequeña Lady, desde sus casi cuatro años, me desarmó completamente. Me dejó sin excusas. Me dijo, insistentemente: "mamá, no hay que fumar." "Mamá, hace muy mal y te vas a enfermar y vas a tener que ir al doctor." No supe qué decirle. Así que hoy, 12 de marzo de 2009, siendo aquí las 21 horas, me estoy fumando mi último pucho, mientras posteo esto. No va a ser fácil. Pero ya lo decidí. Y ya traté el método de ir dejando de a poco. No me sirvió. Tal vez a otros le sirva, cada ser humano es diferente y maneja la adicción a su modo. También traté el método de ir fumando, por decir, un pucho cada dos horas. En mi caso, me la pasaba mirando el reloj. Y me mentía a mi misma. Decía: "bueno, esta hora fumo dos, y después no fumo por cuatro." Tendría que tener un día de 150 horas para compensarlo, porque al rato decía lo mismo. Espero, una vez pasado el mal humor, los ataques de hambre y el insomnio, empezar a oler mejor, a tener la piel más limpia y a no agitarme hasta cuando pienso. Deséenme suerte.