Èl era la persona más buena y generosa que conocí. Empezó a trabajar desde muy chico, apenas pudo terminar segundo grado de la escuela primaria. Siempre tuvo trabajos muy sacrificados y duros. Repartió diarios y pan, fue camionero (de los camioneros "de antes", manejaba un camión tanque doble acoplado cuando la dirección hidráulica y los frenos ABS no existían), fue taxista, vendió ojotas por la calle y trabajó en una fábrica de mosaicos. Fue delegado gremial de su fábrica, cuando casi ni existían los derechos de los trabajadores. Muchas veces pasó necesidades (de muy chico, realmente pasó hambre), pero jamás le faltó nada a las personas que lo rodeaban. Me enseñó a prender el fuego y a hacer asados, me llevó a pescar y fue la persona más tierna que conocí con mi hija.
Él era mi abuelo, y se murió hace diez días. Por eso no tengo ganas de nada. Ni de escribir, y aunque siempre leo a todos mis blogs amigos, no se me ocurre casi nada que escribir. Estoy terriblemente triste. Sé que la vida sigue, pero me parte el alma ver a mi abuela sufrir por el hombre que la acompañó durante 60 años de casados y... casi 80 de vida (se conocieron cuando tenían más o menos 5 años, porque eran vecinos). Me queda el recuerdo de sus hermosos ojos azules (que no heredó nadie de su familia) y el orgullo de ser la nieta de Don Héctor.
Pausa
Hace 5 años