jueves, 26 de marzo de 2009

La wikipedia viviente

“Pituca cree que es el mejor,
el mejor culo para su sillón.”
El arte del buen comer, Patricio Rey y sus redonditos de ricota.


¿Es posible que un solo ser humano sepa arreglar problemas de computadoras (hardware y software, también de red, qué tanto), de celulares, sepa los ingredientes de todas las comidas, sepa de literatura, política, matemática, química, biología, sepa qué color se va a usar este invierno y dónde queda la liquidación de carteras de Prüne? ¿Es posible que esta misma persona sepa de medicina, de bioquímica, de farmacia, de planificación pública, de ingeniería hídrica, de arquitectura y de cinotecnia? ¿Es posible que la misma persona sepa de teología, de fútbol, de rugby, de tratamientos milagrosos para tener el lacio perfecto y de corte y confección? ¿Puede saber sobre jardinería, atletismo, rock nacional y filosofía tanto como sobre astronomía, horóscopo maya y presidencias del Congo? Yo, particularmente, creo que ello no es posible. Se puede saber “alguito” de todo, pero todo todo sobre todos los temas, solamente lo sabe la wikipedia. Así que estoy completamente convencida de que Gerardo es un chanta.
Gerardo es “todólogo” con post grado en “opinología”. Es muy metido. Quiere siempre estar en todo. Hasta parece que hubiera adquirido la habilidad que tienen los perros, de mover independientemente cada oreja. Mientras con una oreja está conversando con cualquier compañero/ a, parece que moviera la otra para captar una conversación que, a escritorios de distancia, mantienen otras dos personas. Y si cree que sabe sobre el tema, se mete. Todo el tiempo. En todas las conversaciones ajenas. Si alguien dice que el mejor disco de rock de la historia es "Dark side of the moon", él va a salir con datos sobre la fecha de edición y el color de calzones que usó Roger Waters cuando grabaron Time.
Si alguien pregunta directamente a otro algo, contesta él. Ejemplo: "Juan: ¿María, te acordás el interno para pedir que destraben la impresora"; la respuesta de Gerardo puede ser "34521" o "dejá que yo la sé destrabar, en el laburo anterior había una igual a esta" (resultado: pedir reparación urgente, y visita a la tintorería para sacar las manchas de tonner). "Pedro: ¿Ana, qué tenés que hacer a la salida?" Respuesta de Gerardo: "Tiene que ir al dentista y después a ver a la madre" (maldito Gerardo, siempre escuchando conversaciones ajenas)


Ejemplos de conversaciones cuasidiscusiones que ha mantenido Gerardo:

1-
A, contento como perro con dos colas, dice: “Miren qué bueno el celular que me compré, el Noria 200, me salió dos mangos.”
G: “Ah que lindo, pero mirá que los Noria 200 tienen adentro un microchip que fabricaban en Chernobyl
–les ahorro a mis lectores el relato de 30 minutos sobre donde queda Chernobyl, cómo fue la tragedia y si la radiación era alfa o gamma con su correspondiente explicación físico nuclear-, un amigo lo compró y a los dos días se desintegró solito.”

2-
B: “Ayer cociné guiso de lentejas con chorizo colorado, nos tomamos un totín con el gordo y nos fuimos a dormir.”
G (curioso): ¿Totín? ¿Cuál?
B: Mongo Choto.
G: Ah no!! Con el guiso de lentejas con chorizo colorado, se toma solamente vino Pirulo. Porque el vino Mongo Choto se hace con uvas de California con un injerto de uvas de Finlandia
–vuelvo a ahorrar la divagación acerca del sistema político de Finlandia y las chicas de California-, por eso tiene ese sabor como a especias. El mejor es el Pirulo, que se hace con uvas de Salta, se pisa a pata –acá podría agregar algún comentario sobre el pie de atleta, pero lo ahorro- y se añeja en barriles hechos con madera de baobab!

3-
C: ¿Tenés un tampón? Me vino de improviso.
G: ¿No sabés que los tampones se blanquean con lavandina y tienen restos de asbesto y te pueden producir síndrome de shock tóxico? Mejor usá una toallita.


4- Esta juro que es real. Las anteriores las exageré y disfracé un poco (la base está, diría el Bambino) pero esta es real. Destaco que Gerardo no solamente es hombre, sino que también es pelado. Detalle importante para este diálogo que es REAL:

D: Mi cuñada se compró la planchita para el pelo. Está re buena, cuando cobre me voy a comprar una. Me recomendaron la marca Pirulo (y bueno, fabrican vino y planchitas, que se le va a hacer)
G: Lo mejor es el secador de pelo Filip, que libera iones (sí, adivinaron, explicación física y química acerca de los iones) y te deja el pelo más suave y para nada inflado, no vas a parecer Mafalda.

Destaco que todas las conversaciones en las que intervino, lo hizo de metido. Nadie estaba conversando con él.

Estoy profundamente convencida de que Gerardo no sabe un carajo de nada. Pero pone una cara de que sabe todo de todo, y dice las cosas con tanta seguridad y usando palabras tan enrevesadas y ajenas al vocabulario coloquial, que parece que supiera. Y como casi nadie en mi laburo sabe nada de física nuclear ni de vitivinicultura ni de otras cosas que dice, nadie le discute nada. Las pocas veces que le discutimos algo, perdió. Y la de "Dark side of the moon", orgullosamente, la gané. Y no se convenció de que estaba hablando al pedo. E hizo apuestas, que en el fragor de la discusión oficinil, se zanjan con wikipedia. Que, dicho sea de paso, tampoco sabe tanto.


NdelaR: Lo de las carteras de Prüne es una licencia poética, sepan comprender que se avecina mi cumpleaños (guiño, guiño)

martes, 24 de marzo de 2009

domingo, 22 de marzo de 2009

Caja de seguridad

“¿No es increíble que hasta el más duro de los conservadores sea capaz de aceptar el radicalismo de la muerte?”
Franz Kafka, “Parábolas y Paradojas”.

Hace rato que le venía dando vueltas a la idea de escribir algo acerca de la inseguridad, y las declaraciones de varios personajes de la farrándula. Me ganó de mano Ricardo Dios. Tengo una gran admiración y un profundo respeto por él, de quien también tengo el orgullo de decir que lo conocí cuando estaba recién estudiando, y no cambió nada. Tiene una gran claridad de ideas y una gran forma de expresarlas. Aquí les transcribo un mail que mandó acerca de ese tema (el subrayado es mío, son las ideas con las que estoy particularmente de acuerdo):
“Desde este movimiento juvenil que milita y banca el proyecto nacional encabezado por Cristina y Néstor Kirchner, estamos preocupados por el tema de la inseguridad, pero tenemos bien claro que no se resuelve con las recetas baratas de los medios masivos de comunicación ni con las escupidas de los famosos.
El tratamiento de los medios y, en particular, el de los famosos es liviano y sostenido en lugares comunes. Pareciera que cuando hablamos de la seguridad hay una humareda permanente y nadie puede ver más allá. Pero no nos engañemos, ese humo lo produce la desinformación masiva. Los mismos que quieren hacernos creer que el otro gran problema de los argentinos pasa por las retenciones a la soja. Se amplifica el problema de una forma desproporcional con el único objetivo de oponerse al gobierno. Y, encima, no tienen vergüenza para utilizar la palabra institucionalidad inmediatamente después de producir estas maniobras.
El tema de la seguridad así planteado por los medios masivos deja traslucir una clara tendencia política y una actitud desestabilizadora. El año pasado, durante el conflicto con las patronales del campo, parecía que no había delitos en la Argentina. Cuando ese conflicto perdió la fuerza inicial, supuestamente se volvieron a cometer delitos masivamente en nuestro país. Creemos que la discusión sobre la seguridad merece otro tratamiento.
A muchas personas el transcurrir de la vida, y de la política, les resulta tolerable sólo si permanecen en la superficie de sí mismos, con lo cual es natural que se sientan satisfechos obteniendo esa misma superficie de los demás. El que mata tiene que morir. Y ya está.
Es obligación de la juventud argentina, desde su fuerza generacional, dar la batalla del lenguaje, de lo que se dice y lo que no se dice. Hay que recuperar el sentido común. Es nuestra obligación superar la superficie y profundizar las discusiones. No hace falta estar muy formado para entender que en la lógica propuesta (el que mata tiene que morir) la inseguridad crecerá y el caos pasará a ser una realidad certera y no una percepción estimulada por los medios. Y ese caos traerá, como siempre, las mismas víctimas: los más pobres, los vulnerables, los que no tienen voz, los que se mueren en las cárceles.
Nosotros tampoco queremos inseguridad.
No queremos inseguridad en la información. Los medios audiovisuales están en manos de unos pocos, esos pocos convocan a la marcha contra la inseguridad para el mismo día que el gobierno presenta un proyecto de ley que intenta modificar que sigan siendo esos pocos los únicos que hablen en este país.
Hay inseguridad, pero hay varias inseguridades, no se trata de una sola. El reclamo de los sectores gritones está sustentado –en general- en la seguridad de algunos bienes. Pero la seguridad tiene que tener como objetivo la seguridad de los derechos y no debe estar destinada solamente a proteger los intereses de una clase, que –por otra parte- es la que generalmente produce la información. El discurso crea la sensación de que la inseguridad es total cuando en realidad se refiere a los bienes y a los prejuicios o temores de un sector. Lo cierto es que con esa construcción se quiere (y se logra) ocultar que la inseguridad verdadera, y que este gobierno se esfuerza en resolver, es la que sufren principalmente las personas de menores recursos: inseguridad en la salud, en la vivienda, en el trabajo.
En el mismo sentido, vociferar que la mano dura resuelve el delito es una falacia absolutamente comprobada, pero lo más grave de ello es que quien instala ese discurso conoce de esa falacia y sus consecuencias y, justamente, las aprovecha (por ejemplo, a través del negocio de las empresas de seguridad dirigidas por ex represores de la dictadura militar).
Los monopolios repiten, simplifican, manipulan. Con esa práctica producen un daño social de suma gravedad y marcan un camino que pone en peligro la democracia. Es el monopolio que aduce falta de institucionalidad y, al mismo tiempo, cuando en el Congreso se debate por muchas horas se harta, se aburre y bosteza; lo que resulta paradojal porque es ese el lugar institucional de los debates democráticos en donde los representantes del pueblo tienen voz y se expresan por mandato popular. Sin embargo, el discurso monopólico de los medios prefiere a Tinelli, que a más velocidad y respetando los tiempos de la televisión participa de una discusión sin la menor capacidad de reflexión. Y a eso le llaman libertad de expresión.
Nosotros luchamos por recuperar el lenguaje y para que se realicen debates profundos para resolver la problemática de la seguridad de nuestro pueblo. Luchamos por los juicios y no por las venganzas. Luchamos para que se difundan otros discursos, otros relatos. Somos hijos de una generación arrasada por la inseguridad proveniente del terrorismo de Estado; fuimos creciendo en los 90 en la resistencia (en una época que se vendió al país y, entre otras terribles cosas, se dejó sin trabajo a millones de personas) y en esa resistencia sufrimos el palo constante de las fuerzas de seguridad sobre nuestros cuerpos y nuestras ideas, represión que tuvo como máxima expresión el 19 y 20 de diciembre de 2001: eso también era inseguridad. Desde el año 2003 formamos parte de un proyecto colectivo que está transformando al país con menos pobreza, más justicia social, más empleo, independencia judicial y soberanía política. Profundizando todo eso vamos a terminar con la inseguridad. Sabemos cual es el camino. Convocamos a recorrerlo juntos.”

jueves, 12 de marzo de 2009

Quemás tu vida

Y sí. Alguna vez me tenía que pasar. Aunque siempre me ponía excusas. Ya hace rato que venía pensando seriamente dejar de fumar, como dice el Nano. Ya me molestaba el olor en el pelo, en las manos y en la ropa. Ya me harté de tener la boca oliendo como un cenicero, como dice el Indio. Pero Pequeña Lady, desde sus casi cuatro años, me desarmó completamente. Me dejó sin excusas. Me dijo, insistentemente: "mamá, no hay que fumar." "Mamá, hace muy mal y te vas a enfermar y vas a tener que ir al doctor." No supe qué decirle. Así que hoy, 12 de marzo de 2009, siendo aquí las 21 horas, me estoy fumando mi último pucho, mientras posteo esto. No va a ser fácil. Pero ya lo decidí. Y ya traté el método de ir dejando de a poco. No me sirvió. Tal vez a otros le sirva, cada ser humano es diferente y maneja la adicción a su modo. También traté el método de ir fumando, por decir, un pucho cada dos horas. En mi caso, me la pasaba mirando el reloj. Y me mentía a mi misma. Decía: "bueno, esta hora fumo dos, y después no fumo por cuatro." Tendría que tener un día de 150 horas para compensarlo, porque al rato decía lo mismo. Espero, una vez pasado el mal humor, los ataques de hambre y el insomnio, empezar a oler mejor, a tener la piel más limpia y a no agitarme hasta cuando pienso. Deséenme suerte.


martes, 3 de marzo de 2009

División de bienes (y de males)

Al decir del Dr. House, muchas veces la culpa de todo la tienen los médicos, porque no son claros en cuanto a los procedimientos que indican o las preguntas que hacen a sus pacientes, como cuando tuvo que atender a una señora que no se mejoraba del asma, y luego descubrió que era porque utilizaba el inhalador como si fuera perfume, en el cuello. La señora no se mejoraba porque su médico no había sido claro en cuanto a cómo se utiliza el ventolín. Muchas veces también, uno obtiene una respuesta errónea porque formuló equivocadamente la pregunta.
Pero el Dr. House piensa eso porque es médico. Se podría decir también que la culpa de todo la tenemos los abogados, porque a veces hacemos preguntas medio en el aire, o creyendo que nuestro interlocutor sabe a qué nos referimos, y los resultados en esos casos, son cuanto menos chistosos.
Por ejemplo, me acuerdo del caso de Héctor y Ester. Héctor y Ester vinieron al estudio para hacer los trámites del divorcio. No tenían chicos, y estaban de acuerdo en todo (menos en convivir, obvio, pero juntos habían resuelto que la cosa no daba para más y que tenían que liquidar el asunto). Vivían en una casa que había sido de la abuela de Ester.
Héctor y Ester tenían dos trabajos razonablemente bien pagos, y se habían casado en pleno “uno a uno” (de hecho, el divorcio también fue en pleno “uno a uno”). Durante su vida en común, habían acumulado una gran cantidad de cosas, esas cosas que en esa época se compraba la gente con mediano poder adquisitivo. En su casa había tres televisores (sí, para dos personas, uno en el cuarto, uno en el comedor y el otro en la cocina), cada cual con su respectiva videocasetera. Tenían computadora con impresora (en ese momento, para muchos un verdadero lujo), auto, un tiempo compartido y muchas otras cosas medianamente costosas que iban trayendo cuando viajaban. Tenían bonitos sillones, mini esculturas de varias partes del mundo, equipo de música con su correspondiente súper colección de discos, lavavajillas y lavasecarropas automático.
Como ya dije, al estar de acuerdo en lo fundamental (el deseo de divorciarse) y no haber mayores inconvenientes con los bienes más “importantes” (la casa era de la familia de Ester, el auto ya habían arreglado que se vendería y cada quien se llevaría su mitad), había que dejar sentado el destino de los otros bienes que tenían en la casa. Hoy por hoy no parece mucho un lavarropas automático o una cafetera exprés, pero hace doce años atrás eran cosas no tan comunes. Así que una tarde los citamos a los dos en el estudio, para pedirles que se tomen su tiempo, y que nos traigan una lista de las cosas que habían comprado en común, para finalizar el acuerdo.
Cuando les planteamos esto, teníamos en mente que el acuerdo sería “vendemos todo y nos repartimos la plata por partes iguales” o “yo me llevo la computadora, vos quedate con las esculturas de Sudáfrica”.
A la semana siguiente, vinieron los dos. Con un cuaderno tipo Arte prolijamente anotado, con la lista de las cosas a repartir.
La lista empezaba así: “1 palangana de plástico marca Pirulo (lo juro, pusieron la marca), 1 abrelatas, 1 tabla de planchar, 2 asaderas para horno...” etc.
Estoy convencida que no les habíamos llegado a explicar claramente cómo armar la lista. Y Héctor y Ester, pobres, habían estado tres tardes enteras inventariando íntegra su casa.